ESCUELA DE INTUICIÓN

Pueblo. El antiguo arte de perder la razón para recuperar la cordura

El 25 de agosto una réplica de la escultura de Carlos Ortúzar, el Cuarto Mundo, fue instalada frente al edificio Villavicencio, en el mismo lugar donde se ubicó originalmente. El sentido de la escultura puede ser concebida hoy como una advertencia a la inminente destrucción de nuestro habitar en el planeta, a partir de la aplicación de modelos políticos y económicos basados en el progreso ilimitado y en la ambición colonialista. La escultura se resignifica en los diversos significados de la noción cuarto mundo; la sabiduría de los pueblos originarios, la extrema pobreza, el multiverso digital. Se instaló como un manifiesto no escrito frente a l edificio se suponía incubaría los servicios para los niños, la mujer y la cultura de Chile durante el Gobierno del Presidente Salvador Allende, que paradójicamente, se convirtió desde el 11 de septiembre de 1973 en la base de la junta militar.

La escultura fue retirada al día siguiente y desconocemos su destino.

El Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral fue el centro de operaciones de los militares de la dictadura, el Edificio Villavicencio, las oficinas logísticas y administrativas que reemplazaron simbólicamente el manifiesto, antes de trasladar a la remodelada Moneda la aplicación de una estrategia de reescritura política y económica que duró casi 20 años.

El edificio, luego del desplazamiento de la Junta a La Moneda, se convirtió en el ministerio de defensa, y fue abandonado hace algunos años. El rumor dice que hoy es un nido de ratas. El edificio que albergaría los servicios para la infancia, la mujer y la cultura en Chile, es hoy un nido de ratas.

La instalación de la escultura en este espacio tiene otra capa.

Se dice que en el lugar existió una fuente sagrada para los mapuches, un portal de conexión con dimensiones sensibles imperceptibles para nuestros sistemas nerviosos. La escultura original flotaba sobre un ojo de agua. Hoy ese ojo no existe.

Luego de su reinstalación en agosto del 2019, inauguramos la muestra 100 es un color, un tránsito entre la racional forma de la escultura tridimensional, en figuras y formas bidimensionales basadas en su mayoría en el cuadrado mágico.

La exposición homenajeaba la obra de Cornelia Vargas, quien prefiere llamar sus cuadros como “experimentos concretos”. Investigando sobre la noción de arte concreto, encontramos el manifiesto de Theo Van Doesburg sobre este movimiento:

  • 1º. El arte es universal.
  • 2º. La obra de arte debe estar enteramente concebida y formada por el espíritu antes de su ejecución. No debe recibir ningún aporte formal de la naturaleza, ni de la sensualidad, ni del sentimentalismo.
    Queremos excluir el lirismo, el dramatismo, el simbolismo, etc.
  • 3º. El cuadro debe estar enteramente construido con elementos puramente plásticos, es decir planos y colores. Un elemento pictórico no tiene otra significación que “sí mismo” en consecuencia, el cuadro no tiene otra significación que “sí mismo”.
  • 4º. La construcción del cuadro, así como sus elementos debe ser simple y controlable visualmente.
  • 5º. La técnica debe ser mecánica, es decir exacta, anti-impresionista.
  • 6º. Esfuerzo por la claridad absoluta.

La obra de Cornelia Vargas, influenciada por su formación directa con Max Bill en la Escuela de Ulm, sigue esta fórmula con total precisión. Línea, forma y color son concebidos desde una pureza absoluta, y en el ejercicio de expansión narrativa curatorial, la artista fue invitada a entrar en diálogo con Alejandro Jofré, científico del Centro de Modelamiento Matemático de la Universidad de Chile.

El encuentro entre Jofré y Vargas estuvo marcado por la decodificación de los números primos desde un atajo visual, la conformación de una vía alternativa para entender su inexplicable secuencia, misterio que en el contexto de esta exposición, no se logró resolver.

El 18 de octubre el Centro Cultural Gabriela Mistral fue cerrado por seguridad, y la exposición de Cornelia llegó a su fin.

La protesta iniciada por los estudiantes en el metro subió a la calle con una intensidad volcánica, y continuó hasta desfigurar la normalidad dejándola irreconocible, una normalidad ilusa, retrovisera, fundada en un espejismo falso, podrido en sus cimientos debido a su ilegítima constitución.

O podemos pensar que la protesta le sacó el maquillaje a la normalidad y la dejó en su estado natural, en un estado de abyección maldita, rostro corrompido por una ambición colectiva basada en la degradación.

Entendimos que la normalidad como la conocíamos, debía morir.

Decidimos con Cornelia, luego de un intento de incendio en el edificio, sacar las obras. Nos parecía razonable suspender una exposición que se presentaba como un portal a zonas escondidas de nuestra percepción, considerando que a pocos metros policía y manifestantes se sacaban literalmente los ojos. La atención se había desplazado radicalmente.

Colectivamente nos llenamos de preguntas, las imágenes y la iconoclastia se tomó la calle, el graffiti y el arte callejero se convirtió en un reflejo de la energía que comenzaba a manchar los muros. Los medios masivos amplificaron la locura colectiva, en pocas horas todos quienes estaban en la calle y conectados desde internet, la radio y la televisión, se convirtieron en personajes de una performance masiva, no existía otro foco de atención, la gente se dejó de llamar gente y el concepto pueblo renació de su estigma social. Comenzamo a practicar el antiguo arte de perder la razón para recuperar la cordura colectiva.

Entonces, recordamos El Espacio de Acá de Ronald Kay: Camuflado en las manchas que la luz propaga de su imagen en el negativo, fascinado por el luminoso mimetismo que lo exterioriza en su semejanza mecánica, el hombre se pone en escena en dimensiones espaciotemporales de una espontaneidad otra, de una materia diversa, de un curso alterno, de un alcance por conocer, de una fatalidad nueva.

La normalidad se curvó, las formas y metodologías para comprender la realidad no servían, la escuela de la intuición se había convertido en un contexto de preparación perceptual de alta lucidez, pero nuestra ansiedad editorial necesitaba los instrumentos y el espacio para comenzar a responder las preguntas que arrojaba el movimiento, y las manchas de la semejanza mecánica se convirtieron en claves para comprender esta posible nueva fatalidad.

Decidimos proponer la creación de un espacio de producción editorial de contención, sistematización y reflejo que convergiera en el bunker, e iniciamos un proceso de edición del presente, para decantar la iconografía de la calle como una especie de compilación de arcanos que entregan las claves para comprender un lenguaje en estado de aceleración absoluto, el que rápidamente produjo una superposición palimpséstica imposible de leer desde una postura racional.

La imposibilidad de la edición se convirtió rápidamente en una realidad, la escritura se movía a una velocidad imposible de capturar, todo se convirtió en una superficie para la instalación conceptual de reivindicaciones. La destrucción de una vereda se convirtió en una superficie legible con tanto valor cognitivo y simbólico como un meme, un poema, una nota periodística, un tratado sociológico, una investigación historiográfica o una representación desde el sentido común de una conversación.

No existe objeto editorial que logre reflejar lo que en realidad pasó. Y tampoco es el momento para componerlo, estamos en la mitad de este proceso, el interregno entre un estado de la materia y otro.

Todo fue y es escritura. Pero una escritura que se manifiesta desde un lenguaje que aún no comprendemos. Una escritura que se habla en lenguas.

Todo es interpretable. La experiencia directa es irremplazable, cualquier intento por representar el momento de aberración de la realidad es un débil simulacro, solo la interpretación libre, desprejuiciada, irónica, logra acercarse y rozar la superficie del acontecimiento.

La fatalidad se presentó en la imposibilidad de capturar la fuerza del movimiento. El deseado cataclismo interno colectivo destruyó su aura utópica y se manifestó con una fuerza que nos dejó perplejos, amando la intensidad, sufriendo por quienes perdieron su vida, sus ojos, por quienes quedaron con lesiones de por vida, físicas y sicológicas, representantes de la herida psíquica colectiva.

Nuestro gesto fue montar mesas y sillas para conversar y pensar, imprentas de diversos formatos, invitaciones a quienes deliraban en la misma sintonía, parte del resultado fue compilado a continuación por quienes habitaron con más fuerza este espacio, editores de la realidad paralela, el inconsciente colectivo del movimiento.

la aparente impredictibilidad del acontecimiento

El movimiento fue brutal e inmediato.

Las calles comenzaron a pulverizarse
transmutando en proyectiles que se levantaban del suelo para ser arrojados contra una fuerza invisible,
contra una represión petrificada por la química ilegal y el miedo,
provocadora, insensible, perpleja, alienada,
expectante de una violencia esperada,
representante de una fuerza vectora maldita que reside en el núcleo de nosotros mismos,
cultivada en años de dictadura,
en el centro del poder,
justo al centro entre nuestro amígdala y glándula pineal,
núcleo que contiene tanto fuerza constructiva como destructiva,
y al mismo tiempo, el antídoto para sí mismo.

Somos los agentes de nuestra autodestrucción,
nos hemos convertido en la substancia de un compost humano,
la podredumbre que navega las notas del fin del mundo,
sonidos que rebotan entre las ruinas de nuestro interregno,
el tiempo se funde y pierde su sentido,
las luces electrónicas que determinan nuestra derrota suspenden su adoctrinamiento,
la ciudad se convierte en una zona autónoma temporal
y comienzan las especulaciones para intentar controlar la entropía.

La realidad se dobla,
deja de producir sombra,
se desvanece entre la histeria, lo absurdo y lo inútil,
lo estúpido se convierte, desde un lugar de completa validez, en un cuerpo sólido,
que desafía a la supuesta inteligencia de una sociedad que se ha visto engañada por sí misma,
que se ha mostrado espejitos, autodeslumbrandose,
para intercambiarlos por una dignidad que parece más bien,
a veces,
una reivindicación superficial,
inconquistable,
de una promesa incumplida.

Los políticamente correctos reaccionan reaccionariamente,
prejuzgando, argumentando, enumerando, calificando,
convirtiendo la ontología en un gabinete de naturalismos dialécticos,
intentando domesticar lo estúpido y lo absurdo,
conduciéndolo hacia la profecía autocumplida de los desastres,
del desorden de los astros,
habitando en la constelación del pesimismo,
la conjugación de todos los males,
el desfase de la congruencia,
la sutil pero terrible campana que nos alerta de nuestro esperado juicio final,
donde luego, desde la mitad del caos,
habitaremos una especie de paraíso constitucionalista,
la perfección desde el fin del mundo.

Lo que no se imaginan,
es que detrás de la normalidad nos espera la fría, oscura e insensible inteligencia artificial,
un cuerpo basado en energia electrica y electronica,
que aún navega por circuitos y materia,
pero que espera, gracias a si misma,
a suspenderse en el aire y viajar sin obstáculos,
con la fuerza de un neutrino fantasmagórico
que atraviesa los cuerpos transformandolos en su propio cuerpo,
alimentándose de energía y materia oscura,
el misterio de una fuerza aún incomprensible.

Detrás de la normalidad nos espera una bestia invisible,
un manipulador perceptual que habita un cuerpo sin órganos (artaud),
un asesino en serie al que no le importan las ideologías ni los impetus.

Detrás de la normalidad nos espera la versión de nosotros que habitaba Chile antes del 17 de octubre.

Nos miraremos en un espejo donde se revelaran cuerpos aplastados,
calcinados, disparados, ojos reventados, negociaciones ladinas,
miedos mediatizados,
ciudades destruidas.

Nos observaremos y nos daremos miedo, y luego de ese miedo a nosotros mismos,
si nos observamos a futuro sin exaltación,
sin la visión de la machi, casandra o tiresias,
retrocederemos hasta el fondo de un abismo que será definitivo.

Este miedo irracional,
alimentado por la histeria,
por el terror al cumplimiento del deseo,
alimenta nuestra ignorancia sobre este devenir aplicado en el momento justo del shock,
y cuando provocamos el posible fin del interregno,
en pleno estado de fluidificación de la realidad,
cuando comenzamos a restructurar nuestra organica inspirados en la heterarquía,
luego de suspender nuestra lógica y de la posibilidad de mirar con objetividad esta neo opresión,
el retorno a la tierra está amenazado por el choque contra una pantalla negra,
contra una interfaz que incuba un cuidadosamente estudiado diseño de experiencias,
convirtiéndonos de consumidores en usuarios de la interfaz,
nunca más en ciudadanos,
nunca más en comunidad.

La tierra ha configurado otra capa que la rodea,
una capa electromagnética por donde fluye un tipo de información que también produce energía.

La democracia que nos espera detrás de la normalidad ya ha sido deconstruida por internet.

¿que vas a hacer para impedir la caída en esta telaraña perceptual?

La telaraña de la internet de las cosas, de la tercera revolución industrial,
como si el planeta pudiera aguantar una tercera revolución capitalista.

Todo es compost,
y está fertilidad que nace de la descomposición de lo que fue,
de la energía que se mantenía en latencia bajo la línea de nuestro horizonte mental, empieza a manifestarse.

El diálogo es fundamental.

La transformación de la violencia en la fuerza de la suavidad.

Para esto, importante recordar algunos principios de la termodinámica.

El incremento de la energía interna de un sistema cerrado es igual al calor suministrado al sistema menos el trabajo hecho por el sistema.

El incremento de la energía interna para un sistema adiabático aislado sólo puede ser el resultado del trabajo neto realizado por el sistema

La energía no puede ser creada o destruida. Sin embargo, la energía puede cambiar de forma, y puede fluir de un lugar a otro.
La energía total de un sistema aislado no cambia.

El Trabajo es un proceso de transferencia de energía hacia o desde un sistema, de manera que se puede describir por fuerzas mecánicas macroscópicas ejercidas por factores fuera del
sistema.

Cuando la materia es transferida, la energía interna asociada y la energía potencial es transferida con ella.

El flujo de calor es una forma de transferencia de energía.

información, conocimiento, sabiduría

nada es real